Entre las enfermedades más importantes de la actualidad, el cáncer se destaca por su alta complejidad y por ser una de las principales causas de muerte en perros de edad avanzada. Los términos cáncer, tumor y neoplasia se utilizan con bastante frecuencia en el área de la oncología y pueden causar confusión entre los tutores. Por ello, en primer lugar los diferenciaremos con el objetivo de aclarar posibles dudas.
“El término tumor se utiliza para definir un aumento de volumen en cualquier región del cuerpo. Cuando este aumento se caracteriza por un crecimiento anormal en el número de células, se define como una neoplasia. Como es sabido, estas neoplasias pueden ser benignas o malignas. Cuando son benignas, las clasificamos como tumores benignos y cuando son malignas, las denominamos cáncer. Por lo tanto, no todo tumor es un cáncer, pero todo cáncer es un tumor”.
Durante la rutina clínico-hospitalaria, la mitad de los tumores identificados en nuestros perros son diagnosticados como cáncer, y las neoplasias se encuentran con mayor frecuencia en la piel, las glándulas mamarias, los genitales, la cavidad oral o los tejidos blandos, como la grasa y los músculos.
La incidencia de cáncer en nuestros animales de compañía es evidentemente mayor en la actualidad. Son numerosos los factores que contribuyen a este aumento, pero es importante señalar que el consumo de alimentos industrializados no está relacionado con la mayor frecuencia de diagnóstico. Según la American Animal Hospital Association (AAHA), el aumento de la esperanza de vida de los perros es la principal causa de este crecimiento, ya que cuanto más edad tiene un animal, mayor es la probabilidad de desarrollar cáncer. La nutrición se considera fundamental para garantizar la salud, el bienestar y la longevidad de los perros. Sin embargo, el consumo excesivo de energía, resultado del estigma social de que “cuanto más coma mi perro, mejor” o de un manejo alimentar inadecuado, puede revertir estos beneficios y causar obesidad.
Los perros obesos tienen una esperanza y una calidad de vida reducidas, además de presentar un mayor riesgo de desarrollar enfermedades ortopédicas y cardiorrespiratorias. Estos efectos perjudiciales están relacionados tanto con los factores físicos provocados por el exceso de peso y la presión sobre las estructuras anatómicas, como con los factores asociados a la respuesta inflamatoria del organismo. Por ello, el exceso de grasa corporal está relacionado con el desarrollo de un proceso inflamatorio crónico, lo que significa que es responsable de generar estímulos nocivos continuos.
De manera crónica, estos estímulos desencadenan múltiples respuestas perjudiciales para las células y los órganos del perro. Como consecuencia de este círculo vicioso, muchas células mueren y, por lo tanto, necesitan regenerarse. Cualquier error en esta replicación que no sea corregido por el organismo tiene el potencial de convertirse en cáncer. Por lo tanto, la obesidad aumenta el riesgo de que su perro desarrolle cáncer y, además, puede estimular el crecimiento y la malignidad de cánceres ya existentes y dificultar el tratamiento oncológico.
En términos generales, las alteraciones desencadenadas por la obesidad son sinérgicas con los mecanismos que promueven el desarrollo del cáncer. La identificación de cada uno de estos cambios llevará tiempo, pero las evidencias son concretas. Por ello, una vez más se destaca la importancia del cuidado: mantenga a su perro en su peso ideal; para ello, consulte a un médico veterinario especialista en nutrición.