Una de las quejas más comunes entre los responsables de perros y gatos es que sus animales son muy glotones, piden comida con frecuencia y parecen estar siempre hambrientos. Sin embargo, el consumo excesivo de alimento aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad, y el aumento del apetito puede ser una señal de diversas enfermedades, como la diabetes y el hipercortisolismo. Por ello, es importante diferenciar qué es hambre “normal”, qué puede ser una cuestión de comportamiento y qué puede representar una señal de alerta.
El momento de la alimentación suele ser una experiencia placentera para las mascotas: además de satisfacer una necesidad básica, incluye alimentos generalmente sabrosos y, especialmente en el caso de las golosinas o premios, implica interacción con sus humanos. Por esta razón, es normal que perros y gatos pidan premios y otros alimentos a lo largo del día, y esto no necesariamente indica un problema.
Los hábitos y el condicionamiento también pueden influir en la frecuencia con la que piden comida. Por ejemplo, si la mascota está acostumbrada a recibir premios durante las comidas de sus tutores, puede empezar a pedir alimento cada vez que alguien se sienta a la mesa. Factores como el estrés, el aburrimiento y la ansiedad también pueden interferir en la frecuencia de estas conductas.

Por otro lado, como se mencionó anteriormente, el aumento del apetito también puede estar relacionado con problemas de salud. En estos casos, se denomina polifagia y es un signo asociado a enfermedades como la insuficiencia pancreática exocrina, la diabetes mellitus y el hipercortisolismo. Por ello, debemos estar atentos a cualquier cambio en el apetito del animal para asegurarnos de que no sea indicativo de un problema más grave.
Es más probable que el aumento del apetito esté relacionado con una enfermedad cuando se presenta junto con otros cambios, como alteraciones en el aspecto de las heces, diarrea, variaciones de peso (pérdida o aumento), náuseas y vómitos, aumento de la sed y del volumen de orina, entre otros. Además, si el incremento del apetito aparece de forma repentina, es decir, sin cambios en la rutina ni en el alimento ofrecido, también puede ser una señal de que algo no está bien.
Ante cualquier alteración sospechosa en el apetito de la mascota, es importante consultar lo antes posible a un médico veterinario de confianza para investigar las posibles causas y, cuando sea necesario, iniciar el tratamiento adecuado.