En la nutrición humana, escuchamos con frecuencia sobre las grasas saturadas: que es importante evitar el consumo excesivo de grasa proveniente de carnes rojas, moderar el uso de mantequilla y priorizar aceites vegetales, como el aceite de oliva. Con esto en mente, es común pensar que la misma lógica debería aplicarse a nuestros perros y gatos. Pero, al final, ¿qué son exactamente las grasas saturadas? ¿Realmente son perjudiciales para nuestros pets?
Podemos clasificar las grasas en tres grupos, según su estructura: saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas. En humanos, las grasas saturadas suelen estar asociadas con el aumento de los niveles de LDL (lipoproteína de baja densidad), conocido popularmente como “colesterol malo”, mientras que las grasas mono y poliinsaturadas pueden mejorar el perfil lipídico en la circulación.
El LDL es responsable de transportar lípidos del hígado hacia los tejidos del cuerpo, mientras que el HDL (lipoproteína de alta densidad, conocida como “colesterol bueno”) retira los lípidos de la circulación. El aumento del LDL favorece una mayor deposición de lípidos en los tejidos periféricos y, en humanos, se asocia con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares.

Sin embargo, nuestros pets presentan algunas diferencias fisiológicas importantes que los protegen de estos efectos. Después de todo, están adaptados a una alimentación naturalmente rica en proteínas y grasas de origen animal. Al consumir grasa animal, los niveles de LDL no aumentan de la misma manera que en los humanos. Además, los perros y gatos presentan concentraciones más altas de HDL en relación con el LDL, incluso cuando consumen mayores cantidades de grasas saturadas.
Gracias a adaptaciones metabólicas a lo largo de la evolución, como cambios en la actividad de ciertas enzimas y proteínas, los pets están mejor protegidos frente a alteraciones cardiovasculares asociadas al consumo de grasas saturadas.
Por supuesto, a pesar de esta mayor resistencia, los animales que presentan alguna condición de salud pueden tener necesidades nutricionales específicas y requerir dietas con menor contenido de grasa. Por eso, es fundamental consultar siempre con un médico veterinario para garantizar una alimentación completa, equilibrada y adecuada para la salud y el bienestar de tu compañero.
Referencias
1. JERICÓ, M. M. et al. Chromatographic analysis of lipid fractions in healthy dogs and dogs with obesity or hyperadrenocorticism. Journal of Veterinary Diagnostic Investigation, v. 21, n. 2, p. 203–207, mar. 2009. DOI: 10.1177/104063870902100204.
2. XENOULIS, P. G. et al. Serum triglyceride and cholesterol concentrations and lipoprotein profiles in dogs with naturally occurring pancreatitis and healthy control dogs. Journal of Veterinary Internal Medicine, v. 34, n. 2, p. 644–652, mar. 2020. DOI: 10.1111/jvim.15715.
3. MCKENZIE, B. et al. Feeding dogs a high-fat diet induces metabolic changes similar to natural aging, including dyslipidemia, hyperinsulinemia, and peripheral insulin resistance. American Journal of Veterinary Research, v. 85, n. 6, p. ajvr.23.11.0253, 15 abr. 2024. DOI: 10.2460/ajvr.23.11.0253.
4. BUTTERWICK, R. F.; SALT, C.; WATSON, T. D. Effects of increases in dietary fat intake on plasma lipid and lipoprotein cholesterol concentrations and associated enzyme activities in cats. American Journal of Veterinary Research, v. 73, n. 1, p. 62–67, jan. 2012. DOI: 10.2460/ajvr.73.1.62.
5. BAUER, J. E. Facilitative and functional fats in diets of cats and dogs. Journal of the American Veterinary Medical Association, v. 229, n. 5, p. 680–684, 1 set. 2006. DOI: 10.2460/javma.229.5.680.